El solitario en su torre

Danner González

Ex diputado federal, Vicecoordinador del Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano y Consejero del Poder Legislativo ante el INE en la LXII Legislatura.

@dannerglez

 

Durante la Edad Media y el Renacimiento, pensadores como Séneca primero, y Maquiavelo después, escribieron textos en los que señalaban las cualidades y peligros que debían atender los hombres de Estado. A este recurso, iniciado por Séneca con Sobre la clemencia en el año 56 d. C. se llamó “el espejo del príncipe”. No falta quien afirma, que El Príncipe de Maquiavelo es la mejor solicitud de empleo jamás escrita. Sea como fuere, con el devenir de los siglos, los poderosos dejaron de escuchar a los sabios y se encerraron en la torre de su ego, donde prefirieron recrearse con el aplauso zalamero de los aúlicos. Esta conducta llega hasta nuestros días.

 

El Presidente de México atraviesa su cuarto año con la más baja calificación entre los ciudadanos. Su gobierno ha perdido la confianza. Sus funcionarios están señalados todos los días por impericia y excesos. Esta administración ha hecho del compadrazgo la condición primordial para ser parte de ella. Hay un compadre en Bucareli y un íntimo amigo multiusos que lo mismo hace de policía que de “agente de viajes” (la desafortunada declaración es suya) para los deportistas que fueron a Río 2016.

 

El fracaso de la administración de Enrique Peña Nieto es evidente. El Presidente está acosado. Los enemigos son internos: los gobernadores de Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, la nueva clase política de la que se jactó en 2012 y de la que él mismo forma parte. Pocos días después de que pidiera perdón por la Casa Blanca que le regaló un contratista del gobierno, un nuevo escándalo envuelve a su familia, señalada de recibir favores de otro contratista, con un departamento suntuoso en Miami de por medio. Ayer mismo, el Presidente dijo que se trató de un “favor de amigos”. Afortunados ellos, a quienes sus vecinos les pagan el impuesto predial, así nomás, de cuates.

 

La lógica del Presidente parece simple. Los amigos hacen favores sólo porque sí, y nada tiene que ver que esos mismos amigos concursen en licitaciones públicas del gobierno, que a su vez es también, un gobierno amigo de sus amigos. ¿No hay alrededor nadie que le señale al Presidente sus errores? ¿Sirve de algo que borre de las fotos al gobernador de Veracruz, con el que antes se regodeaba y carcajeaba, si su gobierno no ejercita acciones penales contra quienes se robaron el dinero de los veracruzanos? ¿Es su rostro, a menudo desencajado, producto de una enfermedad, o de la preocupación por la esclerosis múltiple que vive su gobierno? ¿Escucha aún el Presidente o es, desde hace mucho, un solitario en su torre, inmune a las mentadas de madre de millones de mexicanos?

 

Una cosa es clara. Le hacen daño a este país los gobernantes cínicos y sordos. Pero también se lo hacen quienes a su alrededor, no tienen los arrestos necesarios para decir lo que está mal: los señorpresidentistas, los plumíferos a sueldo, los íntimos aduladores y los políticos avestruces de la cabeza oculta.

 

En su Tratado de los deberes, Cicerón escribió que no hay poder que pueda subsistir contra la animadversión y el odio públicos. ¿Cómo será el cierre de la administración que encabeza Enrique Peña Nieto? ¿Es el inicio de una alternancia pactada, con un panismo que vuelve a la carga y que aspira a que los mexicanos desmemoriados olvidemos los muertos que nos dejó el sexenio de Calderón y las boberías de Fox? ¿O estamos frente a un despertar ciudadano que entiende que unos y otros son lo mismo y que se necesita una nueva clase política, que escuche, que sea capaz de responder a los problemas nacionales con honestidad y con la frente en alto? Sólo el tiempo podrá responder estas preguntas.

 

Ismael del Toro